Por qué puede fracasar una empresa familiar?

La gestión en las empresas familiares está condicionada -como en cualquier otra- por factores económicos y organizacionales, pero también por aquellos que tienen que ver con lo afectivo y lo emocional.

En la industria automotriz es común ver este tipo de emprendimientos y es importante contar con la visión de expertos que ayuden a encontrar un norte en la marea de relaciones comerciales y humanas que se entablan.

Estaré presentando aquí una serie de artículos nacidos de una entrevista realizada hace poco a Juan Carlos Aimetta, consultor especializado en empresas de familia.

Se trata de un tema que es común a la gran mayoría de las concesionarias de autos y maquinaria agrícola. Y, de hecho, algo que comparten muchas pequeñas y medianas empresas de todo el mundo. Resulta que un muy alto porcentaje de estas empresas son empresas de familia. Dicho esto, hay una gran cantidad de asuntos acerca de la sucesión y del gerenciamiento que tienen que abordarse para que la empresa pueda cumplir con los objetivos que se fija la familia.

Juan Carlos Aimetta tiene 46 años y los últimos 15 su trabajo estuvo orientado a ayudar a dueños y directivos de más de 65 empresas familiares pequeñas y medianas a administrar su crecimiento, profesionalizar su gestión, planificar la sucesión y prevenir problemas en la distribución de la herencia. Intervino como mediador en conflictos familiares y participó en procesos de negociación en la venta de empresas. También es profesor de empresas familiares en programas de grado y postgrado en 3 Universidades argentinas y dictó conferencias en Panamá, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Venezuela. Estas son las reflexiones surgidas del intercambio.

Alfredo McClymont (yo): El tema de las empresas familiares es demasiado amplio para abordar en poco tiempo, pero me parece que podemos tocar algunos de los puntos más salientes. Lo primero que quisiera preguntarte es ¿Por qué piensas que puede fracasar una empresa familiar?

Juan Carlos Aimetta: Bueno, la principal razón es que están confundidos los roles del propietario y del que maneja la empresa. Entonces a partir de allí se generan un sin fin de confusiones acerca de quién es el dueño y quien es el gerente, quien es el administrador.

Para la mayoría de las empresas familiares el rol es uno solo. Hay un montón de dichos como que el que tiene tienda que la atienda, y cosas por el estilo, que dan a entender que el hecho de ser dueño da derecho a dirigir el negocio.

Entonces cuando uno le pregunta a alguien “¿Usted por qué dirige este negocio?” Responde: Porque es mío. “¿Y qué lo faculta a usted para dirigir el negocio?” El hecho de que sea mío.

Alfredo McClymont: Es importante que analicemos este tema desde el lado de la operatoria y el gerenciamiento de la empresa, por ejemplo, cuando los hijos del dueño o de los dueños llegan a edad de trabajar en la empresa.

Juan Carlos Aimetta: Van evolucionando las generaciones, los hijos heredan el mismo concepto, y creen que el hecho de ser dueños les da amplitud para dirigir. Como los hijos generalmente son más, dos, tres, cuatro…una empresa no puede tener cuatro gerentes. Y allí siempre se dan muchas confusiones.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que a largo plazo la familia siempre crece más que la empresa. Dicho en otros términos, cada vez hay más gente que pretende vivir de un negocio que no avanza en la misma proporción en que avanza la familia. Si además a esto le agregamos los familiares políticos que intentan a veces, no siempre, pero a veces obtener una oportunidad laboral en la empresa familiar, se podrían producir conflictos.

A eso hay que agregarle que la evaluación del trabajo se hace en función de parámetros afectivos, es decir cuando Ud. emplea a un familiar en una empresa, un desempeño deficiente, un mal trabajo, es muy difícil de penalizar. Justamente porque se paga un costo emocional, un costo de felicidad.

En pocas palabras, en la empresa familiar hay un delicado equilibrio entre la felicidad y la eficiencia; entre la rentabilidad y los afectos. A medida que la empresa va avanzando, sus dueños tienen que intentar torcer levemente la balanza hacia un lado. Porque no se puede buscar a la vez la máxima rentabilidad y la máxima felicidad y hacer depender la felicidad de una familia, cada vez más grande, de una empresa en particular.

En la próxima parte de esta entrevista, se abordarán los problemas que pueden suceder en la empresa familiar, cuando un miembro de la familia quiere o necesita vender su parte de la empresa.

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