Empresas de familia: conciliando intereses

Este es el tercer artículo de una serie orientada a discutir los problemas más frecuentes en las empresas de familia.

Alfredo McClymont (yo): Es una obviedad que en toda empresa de familia habrá miembros que harán carrera en la empresa y habrá quienes decidan no hacerlo. Cómo se pueden conciliar los intereses de los miembros de la familia que trabajan en la empresa con los intereses de quienes no trabajan en la misma?

Juan Carlos Aimetta: Bueno, en primer lugar hay que aclarar que los que trabajan en la empresa trabajan para hacer ricos a todos, inclusive a aquellos que no trabajan.

De manera que una forma muy sencilla de conciliar los intereses, es proporcionarle información a los dueños familiares que no trabajan en la empresa. Darle datos sobre cómo va la empresa, cómo está evolucionando.

El dato más sencillo que puede haber es el balance. Un balance anual o un balance semestral, para saber si ganamos o perdimos, es una manera de que los familiares que no trabajan en la empresa se mantengan enterados y que puedan aprender a querer la empresa familiar.

Especialmente si se trata de familiares que son dueños y viven en el exterior, se va generando una especie de desapego emocional porque nunca reciben información de la marcha de la empresa. En consecuencia, poco a poco van perdiendo interés, y se corre el riesgo de que quieran salir de una manera brusca del patrimonio familiar. Entonces el primer tema es proporcionar información.

Y el segundo tema es proporcionar “efectivo”, cash.

El dueño de la empresa familiar tiende a ser cada vez más rico en patrimonio y más pobre en caja, es decir, es un hombre que es rico porque tiene muchas cosas pero es pobre en el sentido de que no tiene dinero para gastar.

Entonces cuando alguien llega a las 50-60 años y se da cuenta de que tiene el 20% de una empresa que queda en el confín de la tierra y tiene que sacar un crédito para hacer un crucero, se enoja mucho.

Por lo tanto, al familiar que no trabaja en la empresa hay que darle algún retorno, algún retiro, alguna distribución de la utilidad, incluso si eso significa reinvertir menos y crecer menos.

En cuanto a la información, no hay que suponer que los familiares que no trabajan en la empresa son expertos, así que esto de entregar un balance a una persona que es pintor o que es experto en filosofía y letras, y decir que es un ignorante porque no lo sabe leer es un error grave. Nadie es tan ignorante como para que no pueda aprender a leer un balance. Y si quiere ser accionista, si quiere ser dueño, debe al menos entender el ABC de un balance. La práctica dice que no se lo explican, se lo entregan y suponen que con eso han cumplido una formalidad.

Cada vez que un dueño no familiar no entiende lo que pasa y no ve dinero de la empresa que es suya, aumenta el riesgo de que se desvincule bruscamente, incluso con un problema en los tribunales.

En la próxima parte de esta entrevista, hablaremos sobre cómo se puede planificar la sucesión de la empresa familiar.

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